«Prometeo y el mito de la caja de Pandora».

Prometeo era un dios muy especial (uno de los doce titanes, que tenían poderes especiales) y tenía el poder de adivinar el futuro. Sentía mucha simpatía por los humanos, y ninguna por aquel a quien debía mostrar admiración y respeto: Zeus, el gran dios del Olimpo.

Era muy común ver a Prometeo burlarse del dios de los rayos y los truenos. Pero el colmo llegó cuando Prometeo robó un poco de fuego de la fragua de Hefesto, hijo de Zeus y dios del fuego, y se lo entregó a los humanos. La cólera de Zeus fue tal, que ideó un severo castigo.

A Zeus se le ocurrió lo siguiente: mandó llamar a su hijo Hefesto y esta fue su petición:

– Hefesto- le dijo el dios- Ve a tu fragua y crea para mí la mujer más bella. Cuando la tengas creada, le insuflaré vida.

Y así es cómo Hefesto creó a la mujer más bella que nadie hubiera visto antes. Fue la primera mujer humana. Y como le ordenó su padre, la llevó hasta el Olimpo. Allí, todas las divinidades le colmaron de dones, para que fuera realmente irresistible, y le dieron el nombre de Pandora, que significa ‘todos los dones’.

Zeus ordenó entonces que se casara con Prometeo, pero él sospechó algo, y la rechazó. Zeus entonces se la ofreció en matrimonio al hermano del titán, de nombre Epimeteo (quien veía con retraso cosas que ya habían pasado). Éste, a pesar de las advertencias de su hermano, aceptó. La boda se celebró y Zeus les regaló por el enlace una misteriosa vasija de barro cerrada con una tapa.

– Lo único que os pido- dijo Zeus a Pandora y a Epimeteo – es que no la abráis nunca.

Pero Pandora, al terminar el enlace, sintió una gran curiosidad por ver qué había dentro de la vasija que le había entregado Zeus. En cuanto levantó la tapa, comenzó a soplar y a soplar un viento huracanado, acompañado por gritos escalofriantes. Con el viento y los gritos viajaban también las enfermedades que nunca había conocido el hombre y emociones negativas como los celos o la ira. Todos ellos se esparcieron por el mundo de los humanos con rapidez. Aterrorizada, Pandora cerró la vasija, consiguiendo retener tan solo a la esperanza.

Para vengarse también de Prometeo, además de castigar a los humanos, encadenó al titán a una inmensa roca, condenándole a permanecer allí hasta que un águila devorada su hígado. Como era inmortal, su hígado volvía a reaparecer una y otra vez. Para escapar de ese fatal destino, Prometeo propuso a Zeus adivinar su futuro si le soltaba. Prometeo cumplió su promesa, y le dijo a Zeus que no se casara con Tetis, una diosa de la que estaba prendado, porque de hacerlo, terminaría muriendo a manos de sus hijos, como Cronos y Urano. Así que Zeus le hizo caso y se caso con Hera, dejando que la bella Tetis se casara con un mortal: Peleo.

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